viernes, 25 de septiembre de 2015

PIU. Relaciones de Conocimiento, Hegemonía y Transformación Social

Universidad Bolivariana de Venezuela
Programa de iniciación Universitario (PIU)
Núcleo: Relaciones de Conocimiento, Hegemonía y Transformación Social
Tramo: 2012-2
Profesores: María Victoria Silva / Adrián Torres Marcano



  







SELECCIÓN DE TEXTOS [1]


http://pedagogiadelainsurgencia.blogspot.com







PRESENTACIÓN



La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se
aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. 
¿Entonces para que sirve la utopía? Para eso, sirve para 
caminar.

               Eduardo Galeano


      El núcleo generador Relaciones de Conocimiento, Hegemonía y Transformación Social nos sitúa en problemas relacionados con la producción de conocimientos en la sociedad  capitalista destacando: relaciones de poder, lucha de clases  y resistencia de la clase dominada ante la hegemonía ideológica, política, cultural y tecnológica-científica de la clase dominante.  De esta forma, se pretende introducir a las y los participantes de este núcleo a la problematización de la realidad[2] en el marco del conflicto social impulsando la formación del pensamiento crítico emancipador. Para ello se ha seleccionado un conjunto de lecturas de acuerdo a los temas de discusión y preguntas generadoras que propicien el análisis crítico de la realidad desde la relación entre experiencia cotidiana y  producción de conocimiento en el marco de los procesos sociales, eco-políticos, estético-lúdicos, históricos, epistemológicos, culturales, entre otros; que nos movilicen a construir nuevas formas de relaciones de conocimiento donde la investigación y la acción se constituyan en expresión dialéctica de ese proceso permanente de formación para la transformación emancipadora, subjetiva y social.

El núcleo generador plantea como desafío establecer la relación entre conocimiento, hegemonía y realidad; lo cual implica comprender la trama del conflicto social, los sujetos de resistencia, que de acuerdo a sus condiciones de vida y de existencia establecen los presupuestos básicos desde los cuales se constituye una identidad cultural para la transformación emancipadora. Este proceso implica nuevas relaciones de conocimiento a través de las cuales los sujetos aprehenden la realidad, se sitúan en la trama de sus contradicciones, construyen sus proyectos de vida, sus opiniones de acción, participación, desde la intencionalidad ideológica y política que orientan sus propósitos. 

Desde la praxis revolucionaria se plantea la necesidad de una interpretación radical del conflicto socio-histórico que permita la transformación de categorías y coordenadas expresada en una concepción de mundo que sustenta una práctica social reproductora del sistema capitalista. Por lo que, las relaciones de conocimiento se establecen como formas de interpretación activa de lo real, de las situaciones del contexto, de las tendencias de las prácticas sociales y culturales con alcances transformadores en el marco de la construcción de una sociedad socialista. De allí, la urgencia del pensamiento crítico emancipador desde el cual se asume el compromiso de transformar la sociedad que tenemos. Lo anterior, atendiendo a las problemáticas planteadas por los y las estudiantes desde su cotidianidad y experiencias de vida. Con el propósito de promover la comprensión y la re-significación desde la revisión crítica, tanto de los saberes populares, como de las certezas científicas de la academia tradicional.

En este núcleo se concibe la formación como un espacio que incorpora la vida cotidiana de los y las estudiantes, sus saberes, su forma de relacionarse en el mundo como elemento imprescindible en la producción de conocimientos y de sensibilización en torno a la importancia de la escogencia en su programa de formación de grado, de acuerdo al proyecto de vida y su vinculación con la pertinencia (socio-productiva, política, científica, técnica, ética, jurídica, educativa, histórica, ambiental, etc.) que tiene planteado el proyecto de país. Lo anterior, se inserta en el enfoque de la UBV sobre la formación de los y las profesionales integrales desde una perspectiva orgánica a partir de un marco ético-político que considera la coherencia entre praxis teórica y praxis política, así como, el nivel de reflexión crítica sobre las necesidades reales evidenciando las profundas transformaciones necesarias del entramado social para construir una dirección cultural emancipadora que se identifique con las luchas de las clases subalternas en el contexto de la revolución bolivariana.        





TE INVITAMOS A REFLEXIONAR…
 


¿Quién conoce? ¿Qué es lo que se conoce? ¿Cómo se conoce?

¿Cuál es la relación entre ideología y ciencia?

¿El conocimiento científico esta mediado por la lucha de clases?

¿Hay verdades eternas o son construcciones mediadas, históricas o antropológicamente?

¿Qué mundo queremos?

¿Cómo nos situamos en ese mundo para transformarlo?

¿Nos vemos desde el barrio con los “valores”, ideas y parámetros del dominador, opresor y explotador?

¿En el modo de producción capitalista se producen valores o antivalores?

¿Es posible transformar este modelo de sociedad?

¿Desde qué formas de relaciones es posible hacer la revolución?









[1] MVS/ATM 2012-2
[2] “Marx define la realidad social, lo concreto, como “unidad de lo múltiple” dando como presupuesto el concepto dialéctico de la unidad, de la multiplicidad y de su reciproca relación. En sentido dialéctico por unidad se entiende, en primer lugar, una relación de interconexión y de inseparabilidad de varios fenómenos intrínsecos a un sistema o un conjunto. En esta acepción dialéctica del término “unidad” se encuentra el supuesto de la definición marxiana de lo “concreto real”. “Concreto”, es sinónimo de efectiva cohesión de fenómenos de articulación y de interacción real entre todas las dimensiones y momentos de un objeto que se presenta perceptiblemente a la conciencia humana”. Cf., Damiani, Luís, “El Modelo dialectico de la Investigación Social” en Plan Nacional de Formación de Formadores UBV XXI, Fundación Imprenta de la Cultura, 2009. p. 197.

Yugo y estrella Por José Martí

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: 

Flor de mi seno, Homagno generoso 
De mí y de la Creación suma y reflejo, 
Pez que en ave y corcel y hombre se torna, 
Mira estas dos, que con dolor te brindo, 
Insignias de la vida: ve y escoge. 
Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta 
Servicio a los señores, duerme en paja 
Caliente, y tiene rica y ancha avena. 
Ésta, oh misterio que de mí naciste 
Cual la lumbre nació de la montaña, 
Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores 
Huyen de quien la lleva, y en la vida, 
Cual un monstruo de crímenes cargado, 
Todo el que lleva luz, se queda solo. 
Pero el hombre que al buey sin pena imita, 
Buey vuelve a ser, y en apagado bruto 
La escala universal de nuevo empieza. 
El que la estrella sin temor se ciñe, 
Como que crea, crece!
Cuando al mundo 
De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta 
Fiesta humana, sacó contento y grave 
Su propio corazón: cuando a los vientos 
De Norte y Sur vertió su voz sagrada, — 
La estrella como un manto, en luz lo envuelve,

Se enciende, como a fiesta, el aire claro,
Y el vivo que a vivir no tuvo miedo,
Se oye que un paso más sube en la sombra!

—Dame el yugo, oh mi madre, de manera 
Que puesto en él de pie, luzca en mi frente 
Mejor la estrella que ilumina y mata.





Itaca. C. P. Cavafis.

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Itacas.




ITACA[1]

[1]Cf., Cavafis, Antología poética, Edición y traducción, Pedro Bádenas de la Peña, Alianza Editorial, Madrid, 1999.

Fragmentos de la carta a Meneceo

Epicuro a Meneceo, salud.
(122) Que nadie, por joven, tarde en filosofar, ni, por viejo, de filosofar se canse. Pues para nadie es demasiado pronto ni demasiado tarde en lo que atañe a la salud del alma. El que dice que aún no ha llegado la hora de filosofar o que ya pasó es semejante al que dice que la hora de la felicidad no viene o que ya no está presente. De modo que han de filosofar tanto el joven como el viejo; uno, para que, envejeciendo, se rejuvenezca en bienes por la gratitud de los acontecidos, el otro, para que, joven, sea al mismo tiempo anciano por la ausencia de temor ante lo venidero. Es preciso, pues, meditar en las cosas que producen la felicidad, puesto que, presente ésta, lo tenemos todo, y, ausente, todo lo hacemos para tenerla.
(123) Lo que te he aconsejado continuamente, esas cosas, practícalas y medítalas, admitiendo que ellas son los elementos del buen vivir…
Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada en relación a nosotros. Porque todo bien y todo mal está en la sensación; ahora bien, la muerte es privación de sensación. De aquí [se sigue] que el recto conocimiento de que la muerte no es nada en relación a nosotros hace gozosa la condición mortal de la vida, no añadiéndole un tiempo ilimitado, sino apartándole el anhelo de inmortalidad.
(125) Pues no hay nada temible en el vivir para aquel que ha comprendido rectamente que no hay nada temible en el no vivir. Necio es, entonces, el que dice temer la muerte, no porque sufrirá cuando esté presente, sino porque sufre de que tenga que venir. Pues aquello cuya presencia no nos atribula, al esperarlo nos hace sufrir en vano.
Así, el más terrorífico de los males, la muerte, no es nada en relación a nosotros, porque, cuando nosotros somos, la muerte no está presente, y cuando la muerte está presente, nosotros no somos más. Ella no está, pues, en relación ni con los vivos ni con los muertos, porque para unos no es, y los otros ya no son… (126) <El sabio, en cambio,> no teme el no vivir: pues ni le pesa el vivir ni estima que sea algún mal el no vivir. Y así como no elige en absoluto el alimento más abundante, sino el más agradable, así también no es el tiempo más largo, sino el más placentero el que disfruta. El que recomienda al joven vivir bien, y al viejo bien morir, es necio, no sólo por lo agradable de la vida, sino también porque es el mismo el cuidado de vivir bien y de morir bien. Pero mucho peor es el que dice que bueno es no haber nacido, o, habiendo nacido, franquear cuanto antes las puertas del Hades.
(127) Pues si está convencido de lo que dice, ¿cómo es que no abandona la vida? Porque eso está a su disposición, si es que lo ha querido firmemente; pero si bromea, es frívolo en cosas que no lo admiten.
Ha de recordarse que el futuro <ni es completamente nuestro> ni completamente no nuestro, a fin de que no lo esperemos con total certeza como si tuviera que ser, ni desesperemos de él como si no tuviera que ser en absoluto.
Consideremos, además, que, de los deseos, unos son naturales, otros vanos, y de los naturales, unos son necesarios, otros sólo naturales; de los necesarios, unos son necesarios para la felicidad, otros para la ausencia de malestar del cuerpo, otros para el vivir mismo…

Estas cosas, pues, y las que les son afines, medítalas noche y día dentro de ti <y> con quien sea semejante a ti, y nunca, ni en vigilia ni en sueño, padecerás turbación, sino que vivirás como un dios entre los hombres. Pues en nada se parece a un viviente mortal el hombre que vive entre bienes inmortales.





Fragmentos de la carta a Meneceo [1]




[1]La Carta a Meneceo tiene un valor precioso, porque en ella ofrece Epicuro un resumen de su concepción ética”. Epicuro (Samos, 341 a. C. - Atenas, 270 a. C.), fue un filósofo griego, fundador de la escuela que lleva su nombre (epicureísmo). Los aspectos más destacados de su doctrina son el hedonismo y el atomismo. Cf. Epicuro, Carta a Meneceo, Noticia, traducción y notas de Pablo Oyarzún R., en Onomázein Revista de Lingüística, Filología, Pontificia Universidad Católica de Chile; Santiago Chile, 1999, pp.403-425.

Mito Yanomami - Origen del fuego

Antiguamente era uno solo el yanomamo que poseía el fuego: Iwa-riwë. Era alto y caminaba desgarbado. Era tan celoso de su fuego que lo guardaba escondido debajo de la lengua.
Iwa-riwë era el más malo de los yanomamos. Era malo porque era mezquino: a nadie cedía ni siquiera una llamita de su fuego. Los otros yanomamos regresaban de cacería y le pedían a Iwa-riwë un poquito de fuego para asar la carne. ¡Nada! Tenían que lavarla bien, frotarla sobre una piedra, exprimirle toda la sangre y, luego, se la comían cruda.
Llegaban las lluvias y hacía frío. Iwa-riwë escupía una parte de su fuego, encendía el fogón, cocinaba sus alimentos y se calentaba de lo lindo. Cuando quería, con las manos apagaba el fuego. A los otros yanomamos no los dejaba siquiera acercarse a su fogón.
Iwa-riwë no tenía amigos. Los hombres mezquinos no pueden tenerlos. Los yanomamos, resignados desde hacía tiempo, ya nada esperaban de él. Estaban cansados de pedirle un poquito de fuego y de que él se lo negara siempre.
Pero había un hombre pequeño, charlatán, y muy avispado, que no se rendía. Se llamaba Yorekitiramï. Iwa-riwë lo rechazaba; pero él seguía rondando junto al chinchorro del dueño del fuego. Le hablaba mucho y lo hacía reír con sus morisquetas. Cuando Iwa-riwë se movía, Yorekitiramï no lo perdía de vista.
Con las lluvias, de noche, hacía mucho frío. Había muchos yanomamos resfriados que tosían. Con el fuego de Iwa-riwë se habrían podido calentar. Eso hubiera bastado para curarlos. Pero el dueño del fuego seguía terco. Le negaba su fuego también a los enfermos. En fin, se burlaba de todos.
Entonces, muchos yanomamos cayeron gravemente enfermos Hasta a Iwa-riwë le dio gripe y cayó enfermo.
Era una mañana de densa neblina. Iwa-riwë se levantó con un gran dolor de cabeza, pero tenía sueño: la gripe no lo había dejado dormir. Volvió a acostarse como todos los demás. Nadie iba al conuco. Nadie salía a cazar.
Todos estaban enfermos. Desesperados, algunos se acercaron a Iwa-riwë y le suplicaron:
—Somos tus parientes. Danos un poco de fuego, que nos vamos a morir.Todo fue inútil. Pero Yorekitiramï seguía cerca del chinchorro de Iwa-riwë, alerta como nunca. El dueño del fuego dormitaba, cuando, de pronto, estornudó:
—¡Atchún!— El fuego había saltado fuera de su boca. Iwa-riwë, aturdido por la fiebre, no sabía qué estaba pasando. Cuando se dio cuenta de lo sucedido, Yorekitiramï ya tenía el fuego entre sus manos y corría lejos, saltando loco de contento.
Iwa-riwë había perdido el fuego. Entonces, se enfureció y huyó lejos del xapono. No quería ver más a los yanomamos. Temía su venganza. Desesperado, se zambulló en las aguas del río y se transformó en babilla.
Yorekitiramï volvió al xapono y distribuyó el fuego entre todos los yanomamos.
Cuando vio que todos tenían su fogón prendido, se puso más contento todavía y dio un salto tan alto que fue a parar a las ramas de un árbol. Allí y, poco a poco, en todos los árboles de la selva, fue dejando una chispita de fuego. Por eso la madera se quema. En la planta del cacao puso más; por eso es el árbol que sirve para prender el fuego. Yendo de árbol en árbol, él se transformó en un pájaro negro de pico rojo, como el fuego.Cuando Iwa-riwë escupió el fuego, Pre-yoma, una mujer que estaba allí, de la tribu, al ver el fuego en manos de todos, chilló horrorizada y dijo:
—Ese fuego que ustedes tanto querían y que Yorekitiramï le sacó a Iwa-riwë, los hará sufrir. Debían dejarlo tranquilo en la boca de su dueño y habrían sido felices. En cambio, han sacado algo eterno que los hará sufrir siempre: todos ustedes y todos los descendientes de ustedes se quemarán con el fuego, haciendo referencia a la cremación ritual de cadáveres. Yo no quiero ser quemada. Yo viviré feliz sin fuego. Nunca el fuego tocará mi cuerpo.
Eso dijo la mujer y fue a tirarse al agua de un caño. Allí quedó transformada en un sapito de color anaranjado” .

Tomado de:




Los Yanomami quienes habitan en el Alto Orinoco, Estado Amazonas es un subgrupo que lingüísticamente pertenece a la etnia Yanomama conformada también por los Sanemá (Sanima), Ninam (Yanam) y Yanomam. De estos subgrupos, salvo el último que ocupa únicamente el territorio brasileño, todos los demás se encuentran tanto en Venezuela como en Brasil.